¿Quién tiene la culpa de que haya empresas que exploten a personas para trabajar, utilicen niños en su fábricas, utilicen a las mujeres como esclavas o tengas una conducta de menosprecio hacia el medio ambiente? Supongo que antes de acabar la pregunta ya estabas contestando que los empresarios ávidos de dinero y en cierta forma puede ser así, pero hoy me gustaría hacer otra reflexión. Quiero ir un poco más allá. Somos una sociedad muy poco dada a la autocrítica y nos cuesta mucho ver el daño causado por nosotros y muy poco el daño ajeno. Quizás esa percepción viene dada en el hecho de que si no cometemos nada ilegal, no hacemos nada malo, sólo aquel que comete irregularidades debe ser acusado. ¿Pero donde queda la ética en este juego? Las leyes pueden estar muy bien, o no, en determinados ámbitos y se respeta por lo general, pero tengo mis dudas de que un comportamiento legal conlleve aparejado siempre una conducta ética.

¿Dónde quiero ir a parar con todo esto? Te estarás preguntando. Pues bien, recuperando la primera cuestión planteada, mi respuesta es que la gran responsabilidad de esos actos reside en los consumidores. Sabemos que cierta marca utiliza niños para fabricar sus productos, que otra gran marca paga salarios ridículos para poderse vender como marca de bajo coste o que otra gran empresa contamina lo imaginable para vendernos sus productos y aun así, seguimos comprando. Digo comprando pero debería decir que seguimos alimentando esas conductas antiéticas, porque comprar no es el problema, sino que con esa compra seguimos fomentando que la empresa, con sus beneficios crezca y se sienta impune moralmente para seguir haciendo ese tipo de actos. Seguramente no hacen nada ilegal ahí donde lo hacen, pues ya se preocupan de trasladarse a zonas donde actuar con la connivencia de los gobiernos de turno, pero queda claro que sí que realizan actos totalmente inmorales y nosotros con nuestras compras, lo apoyamos.

Sabemos que entidades bancarias han estafado a gente mayor para sacar rentabilidades mayores en sus operaciones financieras y aún así seguimos guardando nuestro dinero en esas mismas entidades aún teniendo opciones éticamente mejores y con fines mucho más loables que cualquiera de esas otras entidades que sabemos que han actuado mal. Nada hace pensar que en un futuro estalle otra situación con otros tantos afectados y nosotros seguiremos avivando el fuego.

Una implicación legal de cada individuo en una comunidad no es suficiente, necesitamos, si queremos madurar como sociedad, una implicación ética plena ante todo aquello que nos rodea, por muy ajeno a nosotros que nos parezca.

La culpa no es del empresario avaricioso que quiere obtener beneficios a toda costa, sino toda la culpa es de aquel consumidor que, informado, sigue proporcionándole beneficios ininterrumpidamente, sin mostrar una mínima empatía por la situación que atraviesa la gente que trabaja en ella o hacia el medio que pueda estar destruyendo. Nos quejamos dando la espalda a estas situaciones y es una postura muy cómoda.

No culpo a todos los consumidores, sino a los consumidores informados. Sabemos que ciertas empresas actúan de una u otra manera y con nuestra actitud lo toleramos. La solución no pasa por prohibir ciertas conductas, sino por educar a nuestro entorno en lo ético, porque prohibiendo conductas sólo generamos desapego hacia las mismas por parte de la gente. Evidentemente no disponemos de toda la información posible para poder elegir mejor, pues sería algo realmente complicado o casi imposible tener disponer de esa información, pero sí podemos informarnos de las grandes empresas que son la mayoría y castigarlas, no con legislación, sino con ética, mediante nuestra actitud pasiva hacia éstas.

Tenemos toda la responsabilidad, o culpa, de lo que pasa a nuestro alrededor y hasta que no nos demos cuenta de ésto no podremos avanzar. Si dejásemos de consumir ciertos productos de determinadas empresas y solo consumiéramos artículos con un absoluto respeto a la ética, las primeras estarían condenadas a su desaparición absoluta mientras que las segundas invadirían el mercado. De nosotros depende que estas empresas sigan existiendo, porque gente mala con intenciones únicamente de sacar beneficios al precio que sea siempre existirán, pero hemos de ser el elemento que erradique esa manera de actuar y solo puede hacerlo el consumidor. La legislación no es suficiente para este objetivo pues siempre encontraremos dirigentes que también saquen provecho de esta situación y complazcan a empresarios deshonestos, siendo la deslocalización hacia el tercer mundo el hecho más palpable de esa realidad. Así que solo nos quedan la educación y la ética como únicas armas para luchar contra estas empresas.

Como digo en el título de esta entrada, como consumidor tienes el poder de acabar con esta lacra, pero no lo usas. Infórmate, educa a los que tienes a tu alrededor y actúa en consecuencia. No fomentes esas conductas con el consumismo que nos envuelve o serás cómplice de la desgracia.

Sergi Gil Bezana
Ad Legem Abogados Esplugues
Colegiado nº 2247 ICASF

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