Este mes se han cumplido veinte años de la publicación de la Ley 31/1995, de 8 de noviembre, de prevención de riesgos laborales que entró en vigor a los tres meses de publicación. Ley que fue una trasposición a nuestro ordenamiento jurídico de una directiva comunitaria.

Todos los agentes que trabajan en este área afirman que hay que hacer un balance positivo sobretodo por el cambio que ha supuesto en la gestión de empresas y en la cultura empresarial ya que se ha pasado de un enfoque reactivo -reparación del daño producido-, a otro preventivo cuyo objetivo es conseguir el bienestar integral del trabajador evitando o reduciendo al máximo posible la materialización de los riesgos inherentes a sus puestos de trabajo. Se ha querido, y en cierta forma algo se ha logrado, integrar la prevención de riesgos laborales en la organización de la empresa, ya haciéndola propia e incorporándola en el organigrama de la empresa, ya contratando estos servicios a un servicio de prevención ajeno.

Así a simple vista, esta regulación pareciera suficiente para reducir el número de fallecidos y accidentados en el trabajo, pero nos llevamos una desagradable sorpresa si vemos que precisamente durante el periodo que va del año 1995 al año 2000 se incrementó la siniestralidad laboral en un 25%. Sí, efectivamente, ese era el periodo inmediatamente posterior a la promulgación de la norma que debía hacer reducir los accidentes de trabajo. Lejos de pensar que podía deberse a un efecto “novedad” y que la causa podía ser quizás la falta de experiencia en la aplicación de esta normativa, más que si la normativa en sí fuera insuficiente, nos llevamos otro sobresalto cuando observamos que la siniestralidad ha ido variando año tras año, sin que podamos concluir que la normativa -todo un acervo normativo en el que se incluye no sólo la mencionada Ley, sino también un sinfín de reglamentos y guías técnicas- ha cumplido con su objetivo último; cual es, reducir al máximo o incluso evitar la siniestralidad laboral.

Y para muestra un botón, este año ha aumentado el número de fallecidos en el trabajo en un 3% respecto del mismo periodo del año pasado, lo que en números absolutos se traduce en 371 fallecidos -periodo de enero a agosto-. Las comparaciones son odiosas pero los fallecidos por violencia de género en lo que va de año no supera los 23 muertos, y desde luego el despliegue mediático y el eco que se dá a este último supera y mucho al primero, quizás porque no se quiere reconocer el fracaso de la política de prevención de riesgos laborales en este país que a más de uno le sacarían los colores. Y con ello no quiero desmerecer la importancia de la lucha contra la violencia doméstica, que sin duda es otra lacra a la que hay que hacer frente, sino el relativo logro de la normativa de prevención de riesgos laborales, que por lo que se está viendo no ha logrado uno de sus objetivos principales.

Así las cosas este aniversario no debería ser de confetis y cánticos, sino de crítica sana, seria y constructiva. Hemos de analizar en qué se ha fallado, en que no se aplica correctamente la normativa o si es precisamente la normativa la que no está bien orientada. Quizás si volviéramos a poner el foco en este drama, dándole cariz de lo que realmente es; una notoria emergencia social, podríamos empezar a poner el debate sobre la mesa, erigir comisiones de expertos y exigir una solución inmediata, bien hecha, no sé si legislando de otra forma, o desregularizando y concienciando, o ambas a la vez. Esto los expertos lo dirán.

Se han hecho avances, eso no se pone en duda. Ya se ha incorporado en el mundo universitario esta materia y empieza a haber auténticos técnicos en esto, especialistas, que sin duda deberían ser los primeros en criticar y buscar soluciones a esta palmaria urgencia social, no sólo española sino también a nivel global. Lo que no puede ser y además es imposible -parafraseando a aquél- es que en el actual siglo XXI estemos aún haciendo estadísticas con este número tan elevado de víctimas por accidente o enfermedad profesional.

Así que, y para concluir esta breve nota al cumpleaños, he notado en falta en este vigésimo aniversario las críticas al actual sistema político y normativo de prevención de riesgos laborales, noto en falta un debate sobre este tema, debate ya no mediático -que ojalá- sino parlamentario, incluso académico. Parece como si nadie quisiera modificar sustancialmente lo ya está regulado, como si todo hubiera sido positivo, como si eso no debiera cambiarse, como si las víctimas y accidentados fueran inevitables, avatares de la dinámica de trabajo que hay que asumir porque ya se ha hecho todo lo posible. Pues no my folks, no es así.

Victor Morales Venero
Ad Legem Abogados Esplugues
Colegiado nº 33970 ICAB

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