Escribo esta entrada, no tanto como una opinión si no más bien como una reflexión tras una vivencia muy próxima en el tiempo, y también como no, como cierto ejercicio de desahogo emocional.

Según el diccionario de la Real Academia Española, la eutanasia es, en la primera de sus acepciones, aquella intervención deliberada para poner fin a la vida de un paciente sin perspectiva de cura, y en la segunda, muerte sin sufrimiento físico.

La muerte sin sufrimiento físico, tal y como viene definida en este diccionario, es evidentemente, algo que todos nosotros queremos tanto para nosotros como para nuestros allegados, e incluso para aquellos que no lo son, aquellos que no conocemos de nada. A la gente le repugna el ver sufrir a otros, salen matanzas en televisión, emigrantes atravesando las fronteras, sin comida, en condiciones penosas huyendo de guerras, llorando, hambrunas en África, tifones en China, y todo son lamentos por su situación y solidaridad con ellos. Está en la naturaleza humana, puesto que somos seres empáticos, tenemos la capacidad de ponernos en la piel de otros, y ver que en un momento dado, ese sufrimiento podría ser nuestro, y en ese preciso momento de sufrimiento querríamos que alguien nos ayudara.

Entonces, ¿Porqué está prohibida la eutanasia? ¿Porqué nuestro código penal trata como a simples delincuentes, aquellos que poniéndose en la piel de otros y ante la sapiencia cierta de un final agónico y doloroso, sin posibilidad de cura alguna deciden aliviar al enfermo o desahuciado de semejante final?

Me cuesta entenderlo, tanta solidaridad para aquellos que no conocemos y ninguna para nuestros semejantes, ¿quién quiere sufrir al morir? Todos nos hemos imaginado como queremos morir, ahogados no, que debe ser horrible, quemados tampoco… Lo mejor es morir mientras estamos durmiendo… Si todos lo hemos pensado, y hemos elegido aquella muerte que nos sería más llevadera, aquella que soportaríamos mejor, ¿no desearíamos piedad ante los sufrimientos terribles de la fase final de un cáncer? ¿Acaso no diríamos a gritos: Basta ya, por favor!!!!!?

Y sin embargo allí esta ese artículo, castigando a todo aquel que decida ayudar a una persona a dejar este mundo de una manera digna y sin dolor, y de la manera más rápida posible. No me pretendáis engatusar con definiciones, eutanasia activa, eutanasia pasiva, cuidados paliativos, lo que estoy hablando es una cosa sencilla, cuando una persona sufre, si ella no está en posición de solicitarlo o de hacerlo, las personas más allegadas a esta, los familiares directos, padre, madre, mujer, hijos, debieran poder decir al médico con toda tranquilidad, no quiero que siga así, no quiero que siga sufriendo, y no deberíamos hablar de si ha habido una ayuda directa o indirecta, de si al desconectar al respirador ha habido un acto necesario que puede interpretarse como una ayuda al suicido, no.

Y no me vengáis con aquello, de hombre, mientras hay vida hay esperanza, no!!! Que ridiculez!!!! La vida en ciertas condiciones no merece la pena ser vivida, y si esa persona no tiene opción ninguna, y encima sufre, no se tendría que prolongar más de lo necesario.

Mención aparte se ha de hacer de la frialdad de algunos profesionales o grupos de profesionales ante los sufrimientos de la familia, a la que no informan en absoluto del desarrollo de la enfermedad, mostrándose distantes e inaccesibles, sin un canal directo de comunicación… Que también es cierto que no debe ser plato de buen gusto estar todos los días bregando con la muerte, pero esto no debe conducir a una desafección o inmunización ante el dolor, debe conducir a una cercanía a una comprensión de esos momentos y una actuación conforme dicha situación, no que el familiar deba estar buscando al médico para que este le informe brevemente de las posibilidades, del tiempo de vida… Debiera ser este profesional el que hiciera por dar algo más que la simple atención médica debida, algo que según mi propia experiencia, que no tiene que ser la de todo el mundo, no sucede en el modo tendría que suceder…

Somos un país cobarde, es cierto, puesto que al margen de la regulación existente en el Código Penal, en su artículo 143 (que si bien no alude al término eutanasia directamente, todos sabemos de que estamos hablando…) y de lo establecido en la Ley Básica de la Autonomía del paciente, no existe una norma jurídica que regule de una forma concreta este maldito trance al que, un día todos nos vamos a enfrentar. Somos cobardes, empezando por aquellos que nos gobiernan, que han decidido no enfrentar este momento doloroso en todos los años que llevamos de democracia, provocando con su inactividad un sinfín de sufrimiento para miles de personas. Esperemos que esto cambie y el próximo gobernante que tengamos tenga la capacidad de entrar en este tema, y dar respuesta a la necesidad de tanta gente.

Javier Martínez Martínez

Ad Legem Abogados Esplugues

Colegiado nº 2240 ICASF

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