En este mes se celebra el quinto aniversario de la gran reforma laboral. En efecto la reforma que para muchos ha sido la mayor desde la publicación del Estatuto de los Trabajadores, la norma básica laboral, cumplió este mes un lustro.

Hablamos del Real Decreto-Ley 3/2012, de 10 de febrero de medidas urgentes para la reforma del mercado laboral.

Esta norma tiene como leitmotiv acabar con la destrucción de empleo utilizando para ello lo que se ha denominado como flexiblidad interna, que no es otra cosa que hacer menos rígida la norma laboral en el día a día empresarial con la finalidad de poder adecuar sin corsés normativos los recursos humanos de una empresa a decisiones empresariales que procuran adaptarse a las nuevas circunstancias de mercado que ha provocado la llamada crisis económica. Consustancial a la definición de este término; flexibilidad interna, está la contraposición con otro, la flexibilidad externa, que se podría definir como hacer menos rígido o barato la contratación laboral y el despido de los empleados.

Así, por flexibilidad interna se entiende tener más facilidades para bajar sueldos, cambiar de categoría o de centro de trabajo a los empleados, modificar sus horarios o jornadas, mudar el sistema retributivo, así como cualesquiera otros aspectos existentes en la dinámica laboral, entre empleador y trabajador. Se pretende como decíamos poder adaptar los recursos humanos de una empresa a las necesidades empresariales cuando éstas vienen causadas por los vaivenes de la economía o del mercado. Todo ello en el bien entendido de que es para salvaguardar los puestos de trabajo, ya que si no se flexibiliza, según esta idea, las empresas se ven obligadas a extinguir contratos de trabajo y a amortizar puestos de trabajo. Lo que conlleva a más desempleo, mayores niveles de paro, menos recaudaciones de cuotas a la seguridad social junto con más gasto de prestaciones a cargo de aquélla, lo que implica por otro lado entrar en un círculo vicioso. Círculo al que se pretende dar freno a golpe de cambio legislativo en materia laboral.

La cumpleañera ley también ha servido para flexibilizar externamente la gestión laboral de las empresas, recordemos que abarató el despido de 45 a 33 días bajando el tope de 42 a 24 mensualidades. Un descenso en los costes de despido sustancial como podemos apreciar, lo que ha podido provocar el efecto contrario, esto es, aumentar los despidos bajando sus costos laborales. Entonces, ¿en qué quedamos? ¿Esta reforma se hizo para evitar más despidos o para favorecerlos?

Y la respuesta, visto lo ocurrido durante estos últimos cinco años, es que ha servido para las dos cosas. Desde luego ha servido para abaratar despidos, lo que en más de una ocasión ha supuesto salvaguardar más puestos de trabajo, ya que ¿quién no conoce alguna pyme que haya tenido que cerrar por tener que abonar cuantías indemnizatorias gravosísimas que le han supuesto el cierre del negocio?. Pero también para ayudar a las compañías a ser más competitivas haciéndolas más eficientes al tener desde entonces herramientas que le ayudan a adaptarse mejor a las nuevas condiciones de mercado.

Así que más allá de entrar a ver si la solución al desempleo pasa por reformar la normativa laboral, esa misma normativa que estaba vigente en los años buenos del llamado “milagro económico español”, lo que lógicamente lleva a concluir que el Derecho laboral poco tiene que ver con la causa del auge económico o de su crisis. Más allá por tanto de ver si se tomó al Derecho Laboral como cabeza de turco para justificar que se hacía algo en contra de la crisis, o si su modificación ha servido al menos para paliarla, más allá por tanto de estas consideraciones, y sin datos o estadísticas en mano, podemos decir que dicha reforma, al menos en su vertiente de flexibilidad interna ha servido para ayudar a las empresas a gestionar más eficientemente sus recursos humanos. También para facilitar costes derivados de un despido, como hemos comentado, pero en lo que verdaderamente ha servido no es tanto para esto último, sino para dar más herramientas a aquellos empresarios que han capear las consecuencias de una crisis que aún a día de hoy estamos padeciendo.

Por consiguiente, y para acabar con esta breve nota sobre la reforma laboral creo que debemos darnos cuenta de que si bien el Derecho Laboral no genera auges o crisis económicas, sí que una vez creada una empresa puede convertirse en una herramienta que permita el óptimo funcionamiento de una organización ayudando tanto a empresario como a trabajadores a conseguir sus fines, logrando esa flexiseguridad tan deseada por todos y tan difícil de conseguir. Así las cosas, celebremos los cambios legislativos que van por ese camino y pensemos, sino se ha conseguido con esta reforma, otra en la que podamos lograrlo.

Víctor Morales Venero
Ad Legem Abogados Esplugues
Colegiado nº 33970 ICAB

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