Ya hace tiempo que quería realizar un comentario acerca de la minusvaloración que sufre el turno de oficio, y aquellos que trabajamos en él.

Sí, es cierto, no me avergüenzo, soy abogado del turno de oficio. Siempre lo he querido ser, siempre me ha fascinado ese punto romántico, que, antes de empezar a ejercer creía que tenía el turno de oficio. Defender a aquel que no tiene recursos suficientes para lograr una defensa digna, convencer con mis justas palabras a aquel juez o tribunal que no puede ver la historia detrás del hecho delictivo, trabajar sin descanso y con ilusión para que esa persona tenga las mismas oportunidades, si no más, que cualquier otro, ante la justicia.

Por eso no deja de sorprenderme, la mala fama que tiene el turno de oficio. Todos aquellos que estamos en él, entiendo que tenemos una parte de vocación, de servir a la comunidad y de ayudar. Poner nuestro granito de arena para que las injusticias sean las menores.

La gente te pregunta si trabajas en turno de oficio y te mira como si fueras un mal abogado. Los clientes de oficio, lanzan frases hirientes o bien te preguntan si también eres abogado privado. No se dan cuenta de los grandes profesionales que sirven en  el turno, gente a la que probablemente no podrían pagar ni aún pidiendo un préstamo, están trabajando prácticamente de gratis para ellos, y aún así siguen las suspicacias. Profesores universitarios, decanos de los colegios de abogados, abogados del más alto prestigio, están en las listas de oficio.

Para ejercer la  profesión de abogado, sólo hace falta acabar la carrera y colegiarte, con lo cual, accedes a la profesión sin ninguna experiencia profesional. En toda la carrera no te enseñan como es un juicio, no haces prácticas para hablar en público, es todo totalmente teórico. En cambio, para trabajar en el turno de oficio, tienes que acreditar que sabes lo que haces, tienes que pasar o bien un postgrado en práctica jurídica o bien acreditar una pasantía de bastantes años a cargo de un abogado que se habrá preocupado en enseñarte, o acreditar que tienes tantos años de experiencia o que has realizado tantos juicios. El punto de lo que estoy intentando explicar aquí, es que, ya de buenas a primeras, para acceder al turno de oficio necesitas una calificación profesional más exigente que para ejercer de abogado privado. Esto es así, puesto que, al fin y al cabo cobramos dinero público y no puede ser que este dinero se invierta en malos abogados.

Por lo tanto, partiendo de la base que un abogado que empieza y un abogado que empieza el turno de oficio, no tienen la misma experiencia, si no que tiene más experiencia y más conocimientos un abogado de oficio, ¿de dónde viene esta mala fama que tenemos?

¿Puede ser quizá, del maltrato que la misma administración nos da? ¿O la actitud de algunos compañeros que no tratan igual a sus clientes de oficio que a sus clientes privados? ¿O es que si ya los abogados tenemos mala fama como profesión, los de oficio hemos de ser todavía peor? ¿De la mala retribución que recibimos por expedientes que se alargan años y años y que, a la postre, hacen que los integrantes del turno de oficio pierdan la ilusión con la que empezaron a trabajar? ¿Es culpa de la gente por criticarnos o realmente deberíamos de hacer un ejercicio de autocrítica nosotros mismos y ver que es lo que hacemos mal? ¿O muchos de aquellos que critican al abogado de oficio, pretenden que este haga cosas que ellos como clientes no se preocupan de hacer? ¿Debemos preocuparnos nosotros más que el propio cliente?

Me niego a ser derrotista, y en todo caso, me niego a perder la ilusión. Todavía me acuerdo la adrenalina de mi primer juicio, toda la noche preparándolo, después de muchos años de estudios y sacrificios, por fin estaba allí, con una toga, en un estrado de los tribunales, dispuesto a defender a esa persona sin recursos a capa y espada, sabiendo que era la última línea de defensa entre el y una condena. Esta es la sensación que intento mantener cada día, en todos los juicios, es lo que siempre he querido hacer, por eso, todos los sinsabores de esta profesión no van a conseguir que pierda esa ilusión, que nadie nos ha regalado nada, que estamos aquí por que hemos trabajado duramente y durante muchos años para lograrlo y ahora por fin, podemos hacer lo que siempre hemos querido hacer, defender a la gente.

Espero que los compañeros que lean esto, se acuerden de sus comienzos, y el que haya perdido su ilusión pueda reencontrarla, y trabajar tan duro como al principio, y en cuanto a nuestra imagen cara al público, espero que la gente empiece a ser consciente de lo exigente de este trabajo, del sacrificio que implica, noches sin dormir preparando juicios o recursos, fines de semana también, nervios por hacerlo bien…En serio señores, no nos merecemos la fama que tenemos….

Javier Martínez Martínez

Ad Legem Abogados Esplugues

Colegiado nº 2240 ICASF